Testimonios de vascos torturados por Melitón MANZANAS.
Información publicada en GARA el 20 de enero de 2001.
La porra de Manzanas y el olor de «aquel guante»
«Estaba en su despacho, detrás de la mesa. Era de cara redonda y resaltaban, sobre todo, sus ojos. Una vez iniciado el interrogatorio, en el que participó directamente, habló a gritos, como un loco. Parecía un histérico». Así recuerda el tolosarra Juanito Ugarte a Melitón Manzanas González. Ugarte, que fue detenido en 1963, pudo comprobar en sus propias carnes cómo actuaba el inspector jefe del Cuerpo General de Policía y jefe de la Brigada Social muerto por ETA el 2 de agosto de 1968.
Este vecino de Tolosa es uno de los cientos de detenidos que tuvieron «la oportunidad» de conocer in situ a Melitón Manzanas y sus particulares métodos para «sonsacar información» a los vascos que detenía la Policía.
«Yo era militante de ELA y Manzanas, tal pronto me vio, gritó: ''Este ha estado en Inglaterra instruyéndose con el Partido Laborista. ¡Aquí está prohibido sindicarse!''. No me pegó, pero pasé un miedo terrible», aseguró ayer a GARA.
Muchos otros no corrieron la misma suerte que Ugarte. Entre ellos, el también tolosarra Ramón Urruzola, que fue detenido «en el 65 o en el 66, no lo sé con exactitud. Ha pasado mucho tiempo y ya lo tenía olvidado, pero cuando hoy (por ayer) he oído lo de la condecoración por la radio... Tras pasar por la Comandancia me llevaron a su despacho del Gobierno Civil de Donostia, en el que también había unos cuantos policías. Manzanas llevaba puesto un guante de cuero. Creo que era un fetiche para él y tuve la ocasión de probarlo, ya que me sacudía con esa mano. Desde pequeño apenas he tenido olfato, pero aún recuerdo el olor de aquel guante».
Detenido en 1962, Valentín Angiozar define a Manzanas como un «sátiro y un obseso. Todo lo que pueda decir de él es poco. ''Te estaba esperando desde hace un año'', me dijo cuando me llevaron ante él».
«Martutene, la salvación»
El 28 de agosto de 1961 es una fecha que Pontxo Iriarte no olvidará. «Policías de Madrid me detuvieron en la fábrica y me llevaron al Gobierno Civil. En el sótano, me dieron una página en blanco y me dijeron: ''Diga usted todo lo que sepa''. Cuando me llevaron al despacho de Melitón Manzanas, la página seguía en blanco. Los policías Pérez Abril y Gabaldón y el propio Manzanas, éste con una porra, me dieron una paliza», explicó.
Ese primer día en el que estuvo detenido recibió, tal y como define el mismo Iriarte, «otra sesión» por parte de los dos policías. Sesión que volvió a repetirse por la noche. «Echaron gravilla en el suelo e hicieron que me arrodillara, lo que me producía rasguños. Con las manos en la espalda, me pateaban y daban golpes detrás de la cabeza. Estuve así unas tres horas».
Cuando le llevaron de vuelta al calabozo, logró conciliar el sueño. «Puedo dormir, incluso, encima de una piedra». No obstante, le despertaron a las 3.00. El motivo, «una nueva sesión. Me daban patadas en el estómago, golpes en la cabeza... Fue terrorífico. Eran unos animales, pero el más bestia de todos era Melitón Manzanas».
Al parecer, a éste no le gustó demasiado que Iriarte lograra dormir aquella noche. «Por la mañana me llevaron a su despacho. Me tuvo allí, de pie, toda la mañana, gritándome ''¡a mí no me engañas!''. En una de ésas, inconscientemente, le pregunté qué me había dicho. Agarró la famosa porra y me dio una paliza. ''Ahora sí que vas a dormir bien'', me decía».
Los sistemas de interrogatorio se repitieron los dos siguientes días. «Cuando al cuarto día me llevaron a la cárcel de Martutene, fue la salvación», afirmó.
No obstante, su «relación» con Manzanas no acabó ahí. En diciembre de ese mismo año, Iriarte fue detenido por segunda vez. «Caímos mucha gente, entre ellos José Ramón Rekalde, al que dieron una paliza. Nosotros, sin embargo, recibimos aún más, con Manzanas otra vez de por medio. Era un asesino», señaló.
Xabier Apaolaza, que «conoció» a Manzanas en vísperas del Aberri Eguna de 1968, añade otra característica a la figura del inspector jefe. «Estuve tres días en el Gobierno Civil, durante los cuales recibí malos tratos. En aquellos momentos tan duros, de vez en cuando, aparecía por los interrogatorios un hombre que me decía: ''Tranquilo chaval, que no pasa nada''. Cuando pregunté quién era aquel buen hombre, me respondieron que había conocido a Melitón Manzanas. No me lo podía creer».
Todos coinciden en que la gran obsesión de Melitón Manzanas era «ver a todos los detenidos frente a frente» y participar en el interrogatorio. «Seguía la pista a todos. Tenía información detallada de todos». *
Mikel JAUREGI | DONOSTIA
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